08-10-2018
Voy descubriendo la vida y de repente caigo a un pozo muy hondo, me sumerjo y no hago nada...sigo bajando, descendiendo y cada vez es más oscuro; No me doy cuenta pero ya no escucho lo de afuera no veo y no respiro, estoy entumecida, paralizada y lo único que tengo son mis pensamientos que tienen la misma forma y sensación de este pozo y me tiran hacia abajo, y me da mucha pena. Ésta no soy yo. Respira, abre los ojos, despierta, sube, pide ayuda si es necesario. Sabes que en el fondo eres una bella persona, y que puedes superar los obstáculos. Abre los brazos, mira tus manos como si todo el amor del mundo entrara a través de ellos.
Encuéntrate, tú sabes que estás ahí.
sábado, 17 de agosto de 2019
06-05-2019
Una y otra vez volviendo a ese punto, son otros ciclos...otras culebras, pero el punto es parecido.. lo siento volver a instalarse ... como el dueño de casa, o el convidado de costumbre. Mala hiedra se empieza a esparcir en mi psiquis y los miedos rondan porque lo huelen y se adaptan a su forma. Me paralizo y no quiero abrirme . Mi mundo interno, medio imaginario, es mejor.. más poderoso y brillante, ahí no me quedo sin habla y no me sonrojo ni me siento una extraña, una ajena a lo más natural. Ajena a mi propio mundo, mundo tan disímil del interno, la cara más opuesta dentro de mi mente. Ahí lo tengo todo; más coraje, más perspicacia, confianza, sabiduría, desplante, desfachatez y un sinnúmero de talentos que me hacen sentir que puedo. Pero la realidad es otra y el golpe es fuerte. Abro los ojos y veo lo mismo, el mismo cuadrado, el mismo esfuerzo, la misma rebeldía reprimida.
Fantasmas flotando van bailando para buscar un lugar donde expandirse.
El ciclo entra en un círculo que se va achicando, el negro o la nada lo absorbe. Mis lentes en forma de corazón se caen y vuelan.
Ese árbol gigante se mueve, no.. sus hojas se mueven , pero el también y lo escucho sonar con el viento , también lo huelo.
Una niña corre desde el árbol y mira el cielo. Está nublado... un caballo trota cerca del árbol llevando un carruaje, desde dentro veo a una mujer de unos 40 , puede tener 50.
Una y otra vez volviendo a ese punto, son otros ciclos...otras culebras, pero el punto es parecido.. lo siento volver a instalarse ... como el dueño de casa, o el convidado de costumbre. Mala hiedra se empieza a esparcir en mi psiquis y los miedos rondan porque lo huelen y se adaptan a su forma. Me paralizo y no quiero abrirme . Mi mundo interno, medio imaginario, es mejor.. más poderoso y brillante, ahí no me quedo sin habla y no me sonrojo ni me siento una extraña, una ajena a lo más natural. Ajena a mi propio mundo, mundo tan disímil del interno, la cara más opuesta dentro de mi mente. Ahí lo tengo todo; más coraje, más perspicacia, confianza, sabiduría, desplante, desfachatez y un sinnúmero de talentos que me hacen sentir que puedo. Pero la realidad es otra y el golpe es fuerte. Abro los ojos y veo lo mismo, el mismo cuadrado, el mismo esfuerzo, la misma rebeldía reprimida.
Fantasmas flotando van bailando para buscar un lugar donde expandirse.
El ciclo entra en un círculo que se va achicando, el negro o la nada lo absorbe. Mis lentes en forma de corazón se caen y vuelan.
Ese árbol gigante se mueve, no.. sus hojas se mueven , pero el también y lo escucho sonar con el viento , también lo huelo.
Una niña corre desde el árbol y mira el cielo. Está nublado... un caballo trota cerca del árbol llevando un carruaje, desde dentro veo a una mujer de unos 40 , puede tener 50.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

